Interviú entre Vilches y Cascarrabias


VILCHES. -

Amigo Cascarrabias: Usted que por sus años sabe ver todas las cosas, clarividentemente, y sabe decidas también con toda sinceridad, dígame: ¿Cómo ve usted la naturalidad en el Teatro?


CASCARRABIAS.-

La naturalidad en el Teatro debe ser teatral, como todo en el Teatro. Para ser un cojo, no hay que cortarse una pierna. Lo que han dado en llamar naturalidad, a veces lo confunden con la trivialidad y la indiferencia. La .naturalidad debe estar en razón directa con el carácter' del personaje y la situación. Depende del gesto y de la entonación.


VILCHES. -

¿Cree usted que debe el actor sentir el papel que represente?


CASCARRABJAS.-

Es igual que lo sienta ó no, con tal de que lo haga sentir al público. A éste no le interesa que las lágrimas sean de verdad o de vaselina. ¿Cuántas veces nos hace llorar una «ingenua», aunque, como decimos vulgarmente tenga «siete gatos dentro»? Cuentan que el célebre don Antonio Vico, cuando alguna vez tenía que «morirse» en escena, impresionaba de tal manera que eran muchos los espectadores que lloraban, mientras él decía por lo bajo a los compañeros: «Miren aquel señor tan gordo de la quinta fila, qué feo se pone porque me estoy muriendo». EI y sus compañeros reían mientras el público lloraba.


VILCHES. -

¿Qué opinión le merecen los apartes y los monólogos dentro de las comedias modernas?


CASCARRABIAS.-

Si admitimos la suposición de que existe «una cuarta pared» que el público derriba por su curiosidad para enterarse de lo que pasa dentro de la habitación tanto el monólogo como el aparte son absurdos, pues el pensamiento no tiene voz y nadie habla largamente en voz alta estando solo, a no ser un loco. El monólogo y el aparte deben ser sustituidos por la expresión del gesto y la pausa.


VILCHES. -

¿Y qué piensa usted de los empresarios?


CASCARRABIAS.-

El verdadero empresario, además de ser un hombre de negocios, ha de tener temperamento artístico y corazón de jugador. Debe explotar su teatro para un género solamente; es decir, que un teatro apto para hacer revista no debe dedicarse nunca a representar comedias; cada teatro debe explotar un género diferente. Tampoco debe ahusar del anuncio exagerado, pues si no corresponde a lo que promete, el público puede llamarse a engaño, y ocurrirle lo que al sastre del cuento: que instaló su sastrería: anunciando «la mejor sastrería de Madrid»; enfrente se instaló otro que anunció: «la mejor sastrería del mundo», pero llegó un tercero, que era el mejor cortador, y anunció solamente: «la mejor sastrería de esta calle, y éste fué el que se llevó la mejor clientela, porque fue el único que engañó con la verdad.


VILCHES.-

Y de la puntualidad en el Teatro, ¿qué opina?


CASCARRABIAS. –

Que depende de la idiosincracia de cada país. Aquí en España, sólo en los conciertos se lleva con rigidez la puntualidad; el que llega tarde forzosamente, tiene que esperar a la segunda parte; pero en la comedia, no. Rara vez empieza el espectáculo con puntualidad; unas veces porque el público se retrasa, y otras porque la empresa espera a que estén todos colocados y no interrumpan la representación los rezagados en perjuicio de los que llegan puntualmente. Recuerdo una vez que el inolvidable Pérez Lugín llegó una noche a un teatro con retraso, y asombrado de que hubiese comenzado la representación, exclamó rompiendo el silencio de la Sala: «¡Qué barbaridad, qué puntualidad tan exagerada; ni que fueran los toros!».
Otra vez en New York; llegó a un teatro cuando ya había empezado. Una bella acomodadora les condujo aun saloncito muy confortable, y señalando una mesa de revistas, etc., les dijo muy amable: -- «Entreténganse hasta que vengan a buscarles». - Transcurrido cierto tiempo entró nuevamente y les dijo:- « Ya pueden ustedes pasar»- Y les entregó un papelito en castellano que contaba el argumento del primer acto, y al final decía: «Se recomienda que en otra ocasión vengan con más puntualidad, pues es preferible que vean la representación, a que lean lo que sucedió en el primer acto».


VILCHES. -

¿Y de los actores actuales?, ¿Qué opinión le merecen?


CASCARRABIAS.-

Que los hay de dos clases: - unos, estudiosos, llenos de amor por el arte, fanáticos, que son los que llegan a triunfar; otros, que se dedican al Teatro por llevar una vida agradable, por recorrer el mundo, indisciplinados, y llenos de vanidades y exigencias. Estos nunca serán nada, y que a los jóvenes de esta generación, en que hay y pueden ir saliendo notables artistas, indudablemente necesitan la ferrea batuta de un buen director, para poder sacar de ellos todo lo que pueden valer, y sobre todo, jamás debe elogiarse a sí mismo, para no hacer recordar el refrán: «dime de qué presumes y te diré de lo que careces». . .


VILCHES. -

Y, últimamente, del público, ¿qué piensa usted, mi viejo amigo?; ¿por qué se aparta cada día más de la comedia?


CASCARRABIAS. -

Creo firmemente que el público siempre tiene razón. Cuando, una comedia le atrae y la interpretación es irreprochable, el público acude. Indudablemente; si no y con justa razón procura distraerse, mejor acudiendo a los espectáculos frívolos y agradables, que si es verdad que no le hacen sentir, también es cierto que le distraen y entretienen. Sólo la perfección puede hacer renacer la afición al Teatro de comedia, que han abandonado por desgracia, salvo raras excepciones... Y no me pregunte más, pues ya estoy cansado de contestar las verdades que nadie ignora.

 
 
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